¿Mala praxis directiva en las grandes empresas? No, jamás.

Las grandes empresas… mañana ya me ocuparé de las PYMES.

Recuerdo que este blog está hecho a mala baba. Ya hay muchos para vender las bondades de nuestra gente y nuestras empresas. Lo guapos que somos la gente de recursos humanos y lo mucho y bien que hacemos en las políticas de recursos humanos y de la organización.

Recurro a lo fácil. Voy a mirarnos en espejos ajenos y a mortificarnos en lo malos que somos. Porque, no lo dudemos, somos muy malos. De media.

Se puede leer esta entrada con música… pinche aquí.

Es práctica habitual en USA que las empresas limitan la vida de las relaciones entre empresas y consultoras suministradoras de los departamentos de recursos humanos.

¿En España? En España los directivos pasan a las consultoras y vuelven a los consejos según la dirección de la marea verde. Y sin sonrojo.

También empieza a ser cosa normal que empresas de UK que creen en sus apuestas organizacionales tomen medidas contundentes para ganarlas. Por ejemplo, si creen en la transversalidad, obligarán a sus niveles directivos y gerenciales a solicitar internamente un puesto diferente al suyo tras unos pocos años y si no lo consiguen, su contrato será rescindido.

¿En España? En España los directivos y gerentes en su burbuja y que a ellos no los molesten, que su trabajo es “otra cosa”.

Claro que sí. Esto lo he planteado en algunas ocasiones… con clamorosos resultados.

Cuando yo me ocupaba en un entorno exclusivamente anglosajón, el compromiso era una ley escrita en piedra y de obligado cumplimiento para ambas partes. Yo podía traerme un gran técnico comercial de Japón para vender seguros en comercio exterior o un diseñador de arquitecturas robóticas con promesas que sabía que se iban a cumplir… y él también.

¿En España? En España los compromisos son como promesas de campaña electoral, nadie cree que se cumpla. Por eso los mejores no quieren venir. No les gusta ser engañados. Pan para hoy, pero eso a los directivos y gerentes no les debe quitar el sueño, porque su trabajo es “otra cosa”.

Cuando en UK enviaba a una persona a cualquier parte del mundo, era cosa sagrada su puesto y su dinero. Son personas que están entregando todo su tiempo a un proyecto común, que están haciendo un sacrificio importante. Trataba de ayudarles al máximo, cuidando detalles que podrían hacerle la vida más sencilla… un buen hotel si estaban unas semanas, un apartamento con servicio de lavandería y con personal de apoyo, un seguro para el cambio de divisas garantizado.

¿En España? En España he visto que los trabajadores tienen que adelantar el dinero para cubrir costes que luego habrán de justificar y esperar semanas o meses para poder recuperarlo, escatimar en los hoteles, limitar el tiempo de estancia en los mismos y obligar a que se busque un alojamiento por sus medios “más barato”. También que tras una estancia de dos meses al otro lado del charco la persona quedase sin proyectos (hasta sin su propia silla) y fuera despedido por no poder cargar su productividad a ninguna etiqueta en las siguientes cinco semanas… Y los directores y gerentes, viento en popa y caña al timón.

Y cursos de capacitación y formación que no han cambiado en más de una década, que imparte la misma empresa porque “somos fieles a lo que funciona”…

Y Coaches de poco más de treinta años, con su título maravilloso y ufano y trabajando con niveles gerenciales con más antigüedad en sus equipos que años cotizados del coach en toda su vida laboral, incluyendo su etapa de becarios…

Y programas e itinerarios formativos en los que se imparte el mismo workshop en dos acciones diferentes durante un lustro sin que nadie haga algo para cambiarlo….

Y seleccionadores del departamento que cuando preguntan a un candidato si esa misma tarde pueden tener una reunión para explorar una posible contratación y el candidato les comenta que es imposible por estar en otra ciudad pero que al día siguiente están ya disponibles les descartan por no encajar en la propia agenda…

Y comerciales que no emplean las herramientas corporativas o el propio porfolio de la empresa, trabajadores temporales o becarios que han supuesto auténticas revelaciones que se han de ir porque se dota con beca un puesto sí o sí, aunque se tenga total seguridad de que esa persona pueda traer nuevos clientes, productos, ideas…

Porque nadie llama a la puerta de los directores.

Porque los directores no tienen ojos para ver, sólo para leer.

Porque no dirigen. Son también, casi siempre, esos caros floreros chinos que molestan y que nadie sabe bien qué hacer con ellos.

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