Gestión de la honestidad

En Recursos humanos estamos haciendo Gestión de casi todo (Tiempo, agendas, cambio, personas…)

“Las señoritas de la calle de Avinyó” es un cuadro de Picasso de 190 al óleo sobre lienzo y sus medidas son 243,9 x 233,7 cm. Se conserva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Es grande. No pasa como con La Gioconda, que mucha fama y luego es poco más que un sello.

El Picasso impacta. Y no necesitas que los expertos te digan dónde has de mirar para que te guste o para que lo detestes. Es raro que no te cause ninguna impresión. El entendido te hablará del protocubismo y del periodo africano… porque para ver la cara de máscara con toques incluso simiescos y el montón de prismas empleados para perfilar los cuerpos hace falta ser entendido.

A mí me gusta. El Picaso. La Gioconda, ni fu ni fa.

Cuando conocí a Dorian Grey opté por rendirme ante el genio absoluto y coloreado del Sr. Wilde. Harto reconocido, hay una cosa que el público hispano tiene perdida en gran parte en La importancia de llamarse Ernesto.

The Importance of Being Earnest es el título original y su traducción literal sería La importancia de ser serio, ser honesto… ya que el nombre «Ernest» y la palabra «earnest» (serio) son homófono.

Significativo, creo yo, que no haya problemas en perder la honestidad, la esencia y el respeto en el mismo título de la obra de un grande.

Pues sí, solo Ernesto es el nombre más común en la empresa española. El Ernesto del título, sin doble sentido.

Mi Ernesto de hoy trabaja hace años en una empresa del Ibex 35 y está al frente de un departamento el que más de cien personas entretienen sus jornadas laborales.

Esta empresa dispone de un modelo de evaluación basado en la etiqueta one over one. Esto es, el responsable jerárquico que evalúa a un trabajador lo justifica ante su propio responsable con lo que la evaluación presentada incluye la firma de los dos responsable jerárquicos inmediatos.

¿La lógica? Que el desempeño de la unidad sea conocida al detalle por quienes han de tomar decisiones sobre el trabajador evaluado y sobre el resto de la unidad.

¿La realidad? Nuestro Ernesto no revisa jamás las evaluaciones que sus cinco gerentes le remiten porque, por supuesto, confía en su buen juicio y leerse 200 páginas de informes es una “perdida” de tiempo. Buen juicio que incluye, obviamente, una correctísima campana de Gauss en su equipo, esto es, sólo aquellos a los que les “toca” la promoción aparecen con resultados excelentes junto con aquellos que cada caudillín considera han trabajado correctamente y merecen recibir un bonus.

Pero eso sí, los informes se generan, se guardan, se firman y se emplean cuando es menester, incluyendo despidos.

¿El resultado? Se miente. Los gerentes no ven cuestionado su criterio. Los colaboradores ven sólo en la distancia a nuestro Ernesto que vive en una realidad paralela y feliz. ¿Conocen aquello de ¡Miénteme tú también majadero! que espetó aquel obispo del cuento cuando el nuevo cocinero confesaba que las albóndigas de cuaresma mugían en el prado en lugar de brotar?

Me gusta el Picasso, no me dice nada la Mona Lisa, Ernesto es un nombre demasiado común y no se gana el más que generoso peculio quasi castrense que recibe, los informes pueden ser tanto ciencia como ficción y no me interesa el calendario eclesiastico.

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