Etología, Recursos humanos y monos que lanzan sus heces.

Soy rotundo. En los departamentos de recursos humanos es imprescindible incorporar etólogos.

Lo que disfrutaría Frans de Waal en cualquier departamento de este, no sé si llamarle nuestro oficio, castigo o adicción. ¡Cómo vería confirmadas sus tesis como primatólogo en esta población de monos pelados y con uñas blandas!

Eso sí, tendría que luchar contra alguna cuestión en la que es difícil encontrar maestría como la mostrada en nuestras organizaciones: La mentira y la estupidez.

Porque los primates ocultan información, esconden comida… pero saben que para obtener un premio mayor es necesario colaborar. Mentirijillas de nada y sentido común.

Mil experimentos y la observación directa en selvas y sabanas lo demuestran: chimpancés cazando monos, babuinos o mandriles uniéndose para expulsar al felino que les acecha, cercopitecos verdes hablando para avisar de serpientes y águilas…

Y la colaboración, siendo de origen casual, no es azar. La selección natural la favoreció porque es mejor salvarse todos que morir uno a uno.

Pues no. Eso no se aprende en las organizaciones humanas.

Los bonobos han demostrado que pudiendo obtener un premio para ellos solos u obtener premios para ellos y para los compañeros en la jaula de turno, es mejor la segunda elección… porque luego estarán ellos en la jaula. Esperan reciprocidad y, por cierto, sancionan individualmente a aquellos que, pudiendo, no colaboran. No pulsan el botón del doble premio. Es la teoría de juegos en estado de naturaleza.

Tampoco. Tampoco se observa en las organizaciones humanas.

Estoy pensando que igual es que los monos han estado en las famosas escuelas de negocio donde se enseñan todas esas cosas y que luego reciben refuerzos en sus empresas sobre Técnicas de negociación, Gestión de la comunicación, Conflictos…

Koko hablaba con limitaciones. Yo creo que no tanto por lo limitado de su gestualidad, creo que es porque no podía mentir. Ni con su cara, ni con sus gestos.

Nosotros tenemos un lenguaje pleno, filosófico, articulado, y también ética y moral. Y eso nos permite superar nuestra naturaleza… De un vistazo podemos empatizar con la persona que está trabajando a nuestro lado porque estamos especialmente preparados para leer rostros e interpretar estados de ánimo. Por eso, cuando he preguntado en cualquiera de mis actividades como consultor, formador, gerente, directivo aquello de ¿cómo se siente hoy la persona con la que has trabajado? Sorpresivamente, casi todo el mundo reconoce no saberlo… porque, además, no es su problema y no le afecta.

Los primates dedican horas a reconocer el estado en el que se encuentra su compañero de manada. Cuidar su gestualidad para mantener el equilibrio… y emplearla conscientemente. Son relaciones realmente sociales porque se desentienden de todo lo que no sea la presencia del otro. Eliminar conflictos inútiles porque la energía es cara.
Otra lección aprendida. Pero…

Luego hay que hacer Gestión del estrés, análisis para la conciliación, esfuerzos por mantener a las personas de talento…

Porque nuestras organizaciones funcionan conforme a complejas funcionalidades mil veces estudiadas por Popes y futbolistas… organizarse para el éxito y la excelencia.

Lo que no vemos nunca es la fea costumbre simiesca de lanzar sus heces sobre todo lo que les rodea cuando se sienten amenazados. ¿Verdad?

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